Rosalía Castillo Quintero
Como se comienza hablar de una persona que uno ha conocido toda la vida. Un ser que nos ha dado amor incondicional por más de 60 años. Rosalía Castillo Quintero fue ese tipo de persona siempre estuvo presente tanto en los momentos de alegría como en los momentos de dolor de todos los miembros de nuestra familia. Aunque su nombre era Rosalía para nosotros por el cariño que le teníamos era simplemente Rosa.
Cuando yo conocí a Rosa ella venia de su país natal de Panamá. Rosa nació el 4 de septiembre de 1926. Ella era de un campo en la Provincia de Veragua, Santiago, Panamá. Sus padres eran Antonino Castillo de profesión agricultor además de carpintero que hacía de todo honradamente para sacar adelante su familia. Su madre era Ana María Quintero una mujer trabajadora que se ocupo de la crianza de sus 12 hijos. La infancia de Rosa aunque pobres de dinero eran muy ricos en el amor que recibía de parte de sus padres y hermanos. Recuerdo que Rosa contaba que una de sus mayores alegrías era ir a bañarse al rio donde se divertía con sus hermanas y amigas.
Como todo en la vida el tiempo no se detiene y Rosa aunque con mucha pena se fue a vivir junto a su hermana mayor Clotilde a la ciudad de Colon, Panamá. Es ahí donde Rosa conoce un soldado del ejército americano que por casualidad era puertorriqueño su nombre era Miguel Ángel Zenón Vizcarrondo. Cuando Miguel la invitaba a salir ella siempre iba acompañada por su pequeño hijo Carlos, fruto de una relación anterior. El ejército americano envió órdenes a Miguel que sería enviado a Puerto Rico. Corría el año 1954. Rosa con sus tres hijos: Carlos, Ana Teresa y Cesar Miguel, ella había perdido un cuarto hijo llamado Juan Tilso quien solo vivió 6 días, vinieron a vivir a Humacao, Puerto Rico. A pesar de la gran pérdida sufrida, Rosa tomo la decisión de hacer su vida con su esposo Miguel y sus tres hijos en este nuevo país. Su familia política Santiago Z. Maunez y Juana Vizcarrondo Velázquez en unión la abuela Eleuteria Maunez Oquendo le dieron la bienvenida junto con sus siete hijos: Santiago, Toñin, Johnny, Pepe, William, Aida y Cuchi. Para mi esta es la primera vez que yo conocía a mi Tía Rosa. Desde un principio ella fue muy cariñosa además de atenta conmigo y mi hermano. Lamentablemente como mi Tío Miguel estaba en el ejército la felicidad duro poco ya que fue enviado a la base en Killeen, Texas. Rosa se despidió con pesadumbre de su nueva familia y amigos.
Al lado de sus tres hijos volvió a irse a un país extraño donde tenía que aprender un nuevo idioma. A pesar de la barrera del idioma Rosa hizo una vida digna para ella y sus hijos. En Fort Hood, la vida transcurrió rápidamente. Al terminar Miguel su tiempo de servicio militar regresaron a Puerto Rico. Rosa pensó que sería por mucho tiempo pero estaba equivocada antes de que se diera cuenta ya estaban las maletas listas para seguir viaje con sus tres hijos al pueblo de Rantoul, Illinois.
La llegada a Rantoul, Illinois fue una de gran alegría para nosotros que ya vivíamos ahí. Por un año compartimos la misma casa. Para nosotros los niños teníamos la suerte de en vez de una madre teníamos dos. Rosa nos cuidaba a todos con el mismo amor que les tenía a sus tres hijos. Más que primos éramos todos hermanos además de una gran familia. Al nosotros comprar casa ellos compararon la casa de la calle de atrás. En esa época Rosa se dedicaba a sus hijos además de tomar clases en la base militar de Chanute, Airforce Base por lo cual fue merecedora a recibir un reconocimiento en forma de certificado dado en el 1959.
Después de tres años en el 1960 regresaron a Humacao, Puerto Rico. De nuevo fueron a vivir con sus suegros Santiago y Juana. Rosa siempre fue una mujer humilde, callada y trabajadora. Fue bien querida por todos. Su prioridad siempre fueron sus hijos. Trabajo en fábricas de costura sin descuidar a sus pequeños. Una de los actos que demuestra su alta calidad humana se demuestra en la forma tan humana y cariñosa con que cuido de mí bis abuela Tella. Le demostró amor y caridad hasta su muerte. Mi abuela no sería la última persona a quien ella cuidaría tan amorosamente.
Durante 7 años Rosa vivió en casa de sus suegros sin quejarse o hacer sentir mal a los otros miembros de la familia. Al construirse una nueva urbanización en el pueblo de Humacao ella y Miguel deciden comprar una casa en Buso. Rosa pensó que todo en su vida cambiaria para bien pero lamentablemente no pudo ser como ella pensaba y su matrimonio que ella pensó que era estable termino en un divorcio. A pesar del divorcios de mis tíos, no nos alejamos de Rosa al contrario ella pudo haber decidido regresar a su querido Panamá pero sin embargo tomo la decisión de quedarse en Puerto Rico donde su única familia eran sus tres hijos y su familia política. Con este acto Rosa a quien uno veía como frágil demostró lo fuerte de espíritu que era y lo decidida que estaba en darle una buena educación a sus tres hijos algo que al pasar de los años logro convirtiendo a sus hijos tres en profesionales responsables, productivos, respetuosos de las leyes, ciudadanos honrados y sobre todo con caridad cristianos además de altos valores morales. Todo esto viniendo de una mujer que su mayor anhelo era haber tenido la oportunidad de estudiar y no lo pudo hacer debido a la pobreza económica en que se crio. Siempre pensé que a través del progreso profesional de sus hijos ella veía lo que la vida le había negado a ella, el derecho que tenemos todos a recibir una educación.
Al quedar divorciada Rosa busco una manera de poder ganarse el sustento sin tener que depender de la asistencia pública. Debido al gran amor que sentía por los niños decidió convertir su hogar en una casa de cuidado de niños. Fueron muchos los niños que se beneficiaron de su cuido amoroso y muchos los padres que pudieron ir a trabajar tranquilos sabiendo que sus hijos quedaban en buenas manos. Rosa no tan solo se dedico a cuidar niños también cuido a personas envejecientes mientras sus familias trabajaban. Una de estas persona fue doña Berta Placeres viuda de Juan Peña Reyes ilustre músico humacaeño y padres de la familia musical más grande que a dado el pueblo de Humacao y quizás en Puerto Rico los hermanos Peñas.
Rosa fue una mujer querida y respetada en la urbanización Buso donde vivía. Ella era una mujer callada y tímida muy de su casa. Si había un vecino enfermo ahí estaba ella para darle la mano. Esto mismo fue una de las enseñanzas que les dejo a sus hijos de siempre ayudar al prójimo. Como ella decía se enseña dando el ejemplo.
Rosa fue una activista en pro de las personas necesitadas. Ella creía en defender a los más débiles por lo que donde había dolor ahí estaba ella. Por su labor caritativa fue reconocida por el Municipio de Humacao. En el 2004 el alcalde Marcelo Trujillo Panisse le entrego un certificado por su labor voluntaria a favor de los envejecientes quienes se encontraban hospedados en el Asilo Simonet. Rosa también se destaco en el grupo de Abejas Oriental de la urbanización de Buso quienes trabajaban a favor de conservar el medio ambiente. A este grupo perteneció hasta su venida para Orlando, Florida.
Por mucho tiempo Rosa trabajo como voluntaria en el centro de envejecientes Proyecto HOPE en español Esperanza para la Vejez. Al pasar de los años ella pasaría de ser voluntaria a ser participante del mismo programa. En dicho proyecto aprendió a ser cerámicas. Cuando yo tenía una actividad siempre la buscaba. Debido a esto fueron muchas las quinceañeras que adornaron sus mesas con las muñequitas de cerámicas hechas por Rosa.
Para Rosa la vida religiosa era muy importante además parte esencial de su quehacer diario. Como católica tenia las imágenes de santos y ángeles por distintas partes de la casa. Se podían ver los rosarios en cada rinconcito. Para ella el rosario no era un simple adorno. Ella lo rezaba con piedad y donde se estaba rezando un rosario ahí estaba siempre ella. Hasta el final de sus día el rosario fue parte integrante de su ser. El rosario fue una de las últimas cosas que escucho de su familia mientras daba sus últimos suspiros en la tierra.
Hoy celebramos la vida de una mujer que nació en Panamá, su querida y amada patria. Que aunque nunca volvió a vivir en su país jamás olvido sus raíces y se aseguro que sus hijos conocieran su familia panameña sus costumbres y tradiciones. De esta forma también nos incluyo su familia extendida en la vida de sus hermanas en especial Tía Clotilde cada vez que visitaban nuestro país. Vivió la mayor parte de su vida en Humacao, Puerto Rico su pueblo adoptivo. Se adapto a nuestras costumbres y tradiciones sin dejar de ser quien ella era. Por razones de salud la muerte la sorprendió en Orlando, Florida donde residía con su hija Teresa y cerca de sus hijos Cesar con su esposa Lucy. Además de su hijo Carlos con su esposa Carmencita. Estaba lejos de la tierra donde nació pero rodeada de las personas que la quisieron incondicionalmente hasta el finalmente. Una mujer que se puede describir como sencilla, tímida, con poca escolaridad, pero fue capaz de educar y convirtió en profesionales a sus tres hijos. Aunque era temerosa frágil, tímida, callada, no sabía ingles pero tuvo la fuerza de vivir lejos de su familia en otro país con otras costumbres e idioma. Como cualquier persona Rosa tuvo muchos defectos pero fueron más las virtudes que distinguieron a Rosa.
En total Rosa deja tres hijos, dos nueras, ocho nietos y 14 bisnietos nacidos y uno más en camino. Además de una larga lista de familia extendida que la quiso y la echara mucho de menos.
No nos queda más que decir: que Nuestro Señor reciba su alma y nos dé a todos los que la amamos la resignación de seguir viviendo sin ella hasta que nos volvamos a ver en la otra vida. AMEN