Angel A Ramírez Rivera
31/enero/1972 - 25/agosto/2021
Ángel Aníbal nació el 31 de enero de 1972 en San Juan, Puerto Rico. Vivió su niñez y juventud junto a su madre Maria Rivera (Nanita) y Pedro González y sus cuatro hermanos Manolo, Miguel (gemelo), Peter y su hermana menor Vivían. Disfrutó del privilegio de pertenecer a una familia unida, que a pesar de las dificultades de aquel momento sobrepasaron toda adversidad. Lamentablemente su hermano mayor Manolo falleció cuando Aníbal tenía 28 años y su madre Nanita cuando el tenia 38 años.
Se graduó de cuarto año de la escuela Juan Ponce de Leon en Rio Piedras, Puerto Rico. En sus estudios postgrado obtuvo diplomas de Mecanico diésel, enfermero y electricista. Trabajo por mucho tiempo en la construcción de acero donde lamentablemente sufrió un accidente que le cambió la vida.
Solo tuvo un matrimonio con Ivelisse Reyes a sus 26 años y con quien tuvo tres hijos Ángel, Anthony y su princesa Angelisse. Vivieron en Canóvanas PR y a raíz de su accidente de trabajo terminaron mudándose al municipio de Río Piedras, Al poco tiempo después compraron su primer hogar donde le nació su hija Angelisse.
Después de su separación decidió trasladarse a Orlando, FL donde pudo establecer su nueva vida llena de desafíos con la ayuda de la familia Nieves. Finalmente, a sus 47 años obtuvo su casa que con orgullo y arduo esfuerzo pudo enfrentar las adversidades del idioma y los retos que este conlleva.
Angel Anibal buen hijo, buen hermano y excelente padre. Siempre con buena actitud y dispuesto a ayudar a los demás. Un ser humano positivo y siempre decía "Ten fé". Su mayor preocupación, sus hijos. Anhelaba que ellos recibieran lo que el no pudo tener en la vida. Como padre y persona estuvo dispuesto a dar lo mejor de sí para ayudar a los demás.
Ante la pandemia que vive el mundo y que lamentablemente le tocó padecer, tuvo sus últimos días al cuidado de su hijo mayor Ángel y la madre de sus hijos Ivelisse, poco después fue trasladado al hospital en cuidado intensivo, donde peleó cada segundo por su vida mientras sus hijos, familia y amigos no dejaron de preocuparse y rogarle a Dios por su salud. A raíz de las complicaciones su cuerpo no le respondió adecuadamente al cuidado médico y desafortunadamente falleció.
Con su partida deja tres hijos que orgullosamente le llaman y le llamarán papi por siempre. Sus hijos, familiares y amigos se unen para darle el último adiós y cumplir su última voluntad. Nada puede reparar, reemplazar o traerlo de vuelta sólo nos quedan los recuerdos, el amor y cariño, sus enseñanzas, alegrías, legado y la oportunidad de haberle conocido como hombre, padre, hermano, amigo y gran ser humano. No existen ni existirá palabras para describir cuanto lamentamos su partida.